Rodrigo Mercado

RODRIGO MERCADO: El fondo de la chistera

Con su primer disco, Puntualmente demora, Rodrigo Mercado nos contó quién era. Fue una presentación, una sacudida de manos con un tipo de talento. Pero es El fondo de la chistera el disco que responde a la pregunta inherente a cualquier segundo trabajo: ¿Qué más puede ofrecernos Rodrigo Mercado?

La respuesta sencilla sería doce nuevas canciones de enorme calidad. Y sería acertada. Pero El fondo de la chistera exige una respuesta más concreta, más profunda e igualmente válida y verdadera: Lo que Rodrigo Mercado ofrece con El fondo de la chistera es fusión. Hay que tener la cabeza muy ordenada para amasar, dar forma y cocer un disco tan rico, variado y a la vez centrado. Cuando se maneja una paleta de colores tan variada, es más necesaria la cordura que la locura. Mercado es un músico al que se le puede exigir libertinaje y sentido común a partes iguales, una mezcla muy poco común en el mundo de la música popular. Así pues, rara avis es y mayor razón para apreciarle.

El fondo de la chistera empieza con el soul pop de “Creo en ti” para pasar inmediatamente después al reggae con “Las buenas costumbres” y al son cubano de “Bota”, buenos ejemplos los tres del mestizaje que contiene el álbum, de una falta de complejos que permite que otros estilos permeabilicen colores y sonidos. Cualquiera de los tres estilos mencionados se deja sentir en los otros. La base electrónica de “Entre sueños” nos introduce en cópula latinoamericana y “El fondo de la chistera” nos trae la sonoridad más negra, puro funk antes de llegar, mediante el fraseo entre hip hop y folk de “Tramposo”, al ecuador de la obra.

Los mimbres acústicos toman “Late un corazón”, caliente en honor a su título y en “Promesas” el hechizo de la voz grave de Rodrigo se hace más presente que en ningún otro momento. Alma, pura alma para ideas optimistas y luminosas. “Crisol” es la más ambiental y un tanto melancólica, “Abrazado a mi soledad” una nueva reimaginación reggae y “Las caras del mal” la más experimental de todas, oscura y de mensaje contundente. El punto final lo pone “A plena luz” donde Rodrigo canta “vivo en desvelos cálidos, atardeceres rápidos”, conclusión de un disco de poesía al ritmo, de versos en danza que podría hipnotizar al seguidor de Juan Perro y Jorge Drexler, pero también a aquellos que vivan en esos mismos desvelos y atardeceres que él.

La fantástica portada de El fondo de la chistera avanza lo que nos vamos a encontrar dentro, un músico al que la ciudad le queda lejana a la hora de crear (ese Madrid en blanco y negro de fondo) porque él habita otras coordenadas, aquellas en las que se encuentra ese mar desbordante imposible, el cuervo posado en su hombro, esa misteriosa llave y las ideas que hay dentro de esa chistera. Pero por supuesto, que nadie se olvide de la chupa de cuero.

 

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